Eriamelda* Fulfate fue un escrito basado en el universo de World of Warcaft, que cuenta la presunta aventura de uno de mis personajes en algún punto de su historia con la Cruzada Escarlata. Para quien llegue a leerlo y no conozca algo del universo descrito, algunos nombres y personajes importantes tienen enlaces a páginas que profundizan en los personajes, como para entender mejor el relato.

 

*Guerrera no-muerta (o zombi), perteneciente a la raza de Renegados de la Horda, dentro del universo WoW.


Eriamelda Fulfate

 

 

I

 

Traicionada… por… mi… Orden…

Al anochecer ya estaba dentro del Bastión Carmesí. El rojo siempre fue su color favorito, pero en ese momento, solamente le producía escozor. Stratholme había perdido todo su esplendor, ahora solo era la triste evidencia de lo que el príncipe estaba dispuesto a hacer con Azeroth.

Cada vez que se preguntaba qué hacía en ese lugar. Recordaba la promesa que en algún momento le hiciera a Abbendis sobre proteger Lordaeron de la plaga, lo que era curioso porque ella misma ahora era la plaga: sus antiguos aliados ahora buscaban desesperadamente acabar con cualquier rastro de esta peste maldita (y ella no sería la excepción) y su incursión en la Cruzada buscando respuestas era una idea casi descabellada. E incluso, ¿qué diablos importaba lo que sucediese con la Cruzada Escarlata, si a ellos nos les importaban sus antiguos familiares o amigos, que ahora deambulaban en Camposanto o Rémol? Aun así estaba decidida a encontrar al Gran Cruzado Dathrohan y averiguar la verdad sobre lo ocurrido con la Cruzada, “si es que salgo con vida”, pensó.

Anormalmente alegre, puesto que estaba por encontrar a la cabeza de su organización, había olvidado lo que era ahora, y casi se transportó a los días en que defendía los ideales de pureza humanos. “¡Eriamelda!”. El grito le sacó de su ensueño. Los pasos resonaron por el pasillo. Entre susto y emoción, se aferró con tristeza a su arma. La voz le era sumamente familiar.

-Estás…viva… -Era evidente que la voz se debatía entre sollozar o gritar. – ¿qué… te ha sucedido?

-Ahora soy una Renegada. La voz de la guerrera era un estertor a los oídos del paladín - Aric… vete…

-¿¡Qué está sucediendo…!? – La voz era distinta y venía de atrás de Aric.

-¿Acaso no la reconoces?- Le interrumpe Aric – Eriamelda, ¿qué haces en este lugar? Ya no perteneces a…

-Ya lo sé. No me quedaré mucho tiempo.

- ¡Eso dalo por hecho!- De manera súbita su antaño aprendiz se abalanzó sobre ella. Ya no era su maestra. Ya no era nadie.

 

 

II

 

…Destruida… por… Kel’… Thuzad

 

La mañana era gris, y apestaba a cadáveres descompuestos. De Andorhal ya era poco lo que se podía rescatar y aún debían hacerle frente a la plaga. El ejército de Paladines que comandaba había terminado de “limpiar” la ciudad, y lo poco de humanidad que quedaba.

-Si lo deseas, puedes descansar, Aric.

-Gracias, pero me gustaría seguir un poco más. Además no quiero dejar a mis compañeros hacerlo todo.

- Como gustes. Por favor no se acerquen demasiado a los graneros, allí la presencia de Plaga es muy peligrosa. Y no olviden que no estamos en Tirisfal. Si se descuidan seremos carne de presa para el Culto.

-Lo tendré en cuenta- Aric bajó la mirada. Recordar lo sucedido a su tierra natal era difícil. Para todos.- Permiso para retirarme.

-Ve con la luz.

No transcurrió mucho tiempo para que el caos empezara. A lo lejos, Eriamelda escuchó pedir auxilio. – Rápido Frimelda, Deneve, síganme.

Se preguntaba si llevar solo dos personas más había sido suficiente, pero rápidamente olvidó sus pensamientos al llegar al origen de los gritos: tres personas al parecer aún sin estar infectadas por la plaga eran atacadas por una manada de osos malsanos de la zona.

-¡Deneve, limpia a esos dos cerca de la entrada! Frimelda ven…- No pudo terminar, el grito proferido por Ellen era una justa interrupción. Un zarpazo había alcanzado a Ellen en el hombro- ¡Aura de protección! ¡Deneve! -Estaban rodeadas por abominaciones

-La entrada está limpia… ¡Frimelda!- Intentó acercarse a su compañera, para ser rechazada por Eriamelda rápidamente.

-¡Inmunízate y trae refuerzos! ¡Apresúrate!- Qué estaba pensando el Gran Cruzado al enviarlas a rescatar Andorhal. No se les había notificado que aún existían abominaciones deambulando la zona. Esto no podía ser un error.

 -Tranquilízate Frimelda, todo estará bien- Los rugidos resonaban por doquier, era claro que con suerte todo saldría bien. -Quédate aquí un momento- Con gran dificultad pudo esquivar los ataques de la aberraciones. Por el momento estaban a salvo.

Frimelda, despierta! –Su joven hermana respiraba con dificultad.

Ahora, el grito que escuchó al inicio solo era uno más entre los gemidos que emitían el ejército Cruzado, la Plaga les había tendido una emboscada. ¡Aric! Se apresuró a pensar.

-¡Eriamelda! ¿Qué ha sucedido?- Se alegró de verle, sin embargo la escena a su espalda no era nada reconfortante. Al momento una abominación apareció detrás de Aric, quién aún estaba pasmado por la escena que presenciaba. Eriamelda activó Mano de protección sobre Aric y de un golpe lo envió lejos, lo suficiente para que pudiese escapar. -¡Vete! ¡Corre a Vega del Amparo y pide ayuda! -A medida que se alejaban, divisó a Gyles, quién se unió a Aric y al parecer estaba herido, pero no de gravedad.

Los gruñidos y gritos se hicieron cada vez más fuertes. Comenzó a sangrar por todo el cuerpo. El escudo Divino había terminado y no había podido acabar con todas las aberraciones. Ahora los cadáveres reanimados se unían a la masacre. Un dolor en la pierna le hizo caer, era Frimelda quien ya había perdido la conciencia, ahora era una más de la plaga. Y pronto Eriamelda misma lo sería.

…Hecha…para…servir…

 

 

III

 

Faltó poco para que la espada de Gyles le alcanzara, sin embargo, a pesar de su cuerpo descompuesto, Eriamelda era hábil al momento de combatir. No estaba dispuesta a perder el tiempo, como tampoco estaba dispuesta a morir en ese lugar. Se alegró puesto que sus antaño estudiantes habían mejorado en sus habilidades, pero necesitaba neutralizarlos de una vez por todas.

Avanzó rápidamente hacia Gyles. Mientras éste realizaba Exorcismo, le agarró la mano derecha y con un rápido giro se lo dislocó. El paladín cayó al suelo mirando fijamente a la guerrera.

-No lo lograrás – Alcanzó a gemir Gyles. Eriamelda miraba a Aric, quien se encontraba ayudando a su compañero.

-¿A quién buscas?

-¿Dónde está Dathrohan? – Dijo ignorando la pregunta de Aric. Escuchó que se acercaban vociferaciones y llamados de alerta. La Legión Carmesí ya se había dado cuenta de su presencia en el Bastión Escarlata. La pregunta fue redundante; rápidamente se dirigió al Trono Carmesí. Dathrohan seguramente estaría allí.

 

No fue difícil llegar, puesto que muchos de los legionarios preferían huir antes de entablar una batalla con Eriamelda, y al final, las muertes fueron pocas. Sin embargo, se dio cuenta que era seguida de cerca.

 

-Guerrera, es una alegría que estés…con vida- El tono grave de la voz del Cruzado le cogió por sorpresa.

-Señor… - Dijo Eriamelda arrodillándose automáticamente. Siempre detestó el fanatismo de los Cruzados.

-¿A qué debemos vuestra visita? Te pido que disculpéis a nuestros caballeros, pero no están acostumbrados a estos encuentros tan bizarros. Sígueme por favor.

El Pasillo de la Luz estaba anormalmente cálido, y de nuevo fue presa de las ensoñaciones, lo que contrastaba con el ambiente oscuro y aciago que tenía la Cruzada. Al parecer, no era la única presa de la ilusión, puesto que Aric reía ruidosamente detrás de una de las puertas que daban al Pasillo.

-Sigue, estás en tu casa-. Erimelda entró en el Trono Carmesí, intentando no perder la cordura.- Dime, ¿qué es lo que te tiene intranquila?

-Señor, he escuchado terribles rumores sobre la Cruzada, y temo que sean verdad. Creo que es ilógico que quiénes defendían la pureza de la luz aborrezcan la Cruzada Escarlata, y la odien defendiendo los mismos intereses en el Alba Argenta.

 

La…Cruzada… Escarlata… ya no… es pura…

 

- No os preocupéis. – Rió Dathrohan. - Son solo rumores sin fundamento real. La Cruzada Escarlata continúa en su lucha para purificar el mundo de la maldad, y la plaga. Sin embargo, lo que más me preocupa es vuestro lamentable estado. Creo que eres consciente de que debemos por todos los medios acabar con cualquier rastro de esa inmunda peste. Venid guerrera, -Sonrió cariñosamente- déjame limpiar tu alma, y descansad en paz.

Al instante, un halo de luz atravesó la estancia y recayó sobre el cuerpo de Eriamelda. El dolor era insoportable, sin embargo pudo alejarse lo suficiente para no recibir mucho daño. Ahora el semblante de Dathorhan era más siniestro.

-¿¡Pero... Señor!? – Clamó Eriamelda al borde de las lágrimas. -¿Dónde está Abbendis?

- ¿De qué os sorprendéis? Intento devolver al otro mundo algo que no pertenece a éste…

-¡Eriamelda! – Gritó Aric desde el otro lado de la habitación -¿qué está sucediendo?

- ¡Vete Aric!

-¡Quedaos paladín! Esta es una misión que nos compete como Cruzados. Debemos acabar con todo rastro de la plaga. ¡Venid y acabad con ella! – Gritó Dathorhan al tiempo al tiempo que esgrimía violentamente su espada contra Eriamelda.

-¡No! ¡Y no creo que sea justo acabar con cualquier ser vivo que no pertenezca a la Cruzada!

-¿Pero qué cosas descabelladas decís? Veo que tampoco tenéis un corazón lleno de… - Dathrohan fue interrumpido por el embate de Eriamelda. La espada se clavó en su hombro, pero no hubo sangre.

-¡Vete de aquí Aric!

-¡No, ahora moriréis juntos!- La voz espectral resonó en el Trono. El cuerpo aparentemente sin vida de Dathrohan levitaba. A medida que se elevaba sus rasgos se deformaban y su tamaño aumentaba. El Gran Cruzado estaba sufriendo una transformación.

-¿¡Varimathras!? ¡Esto es imposible!

-¡Estúpida! - Rió Dathrohan mientras lanzaba a Eriamelda hacia una de las paredes de la estancia - ¡No menciones ese nombre en mi presencia! ¡Balnazzar es mi nombre, y ahora la Cruzada Escarlata es nuestra!

 

 

 

 

 

EPÍLOGO

 

Estaba un tanto más tranquila. Las personas que habían ocupado su mente estaban temporalmente a salvo. Sintió alivio al saber que la Aric podría seguir luchando por la luz.  Ahora lo entendía todo, pero esto no era suficiente. Necesitaba hacer algo al respecto. El chillido de su Jinete de Vuelo la sacó de sus pensamientos.

-¡Cállate! Hubiese preferido un grifo…- A lo lejos, el Puerto del Embate se hacía visible. Un calosfrío le recorrió de pies a cabeza, no precisamente producto del frio de Corona de Hielo.

 

 

…ya no…es pura…