La maricada

Empezó un domingo, y acabó casi que el siguiente domingo, lo que hubiese sido una ironía estúpida, lo que finalmente terminó en una triste estupidez sin nada de ironía. Pequé un poquito. Una combinación de rabia, con apego prematuro y deseo por él me hicieron pecar, caer, inducido por sus enfermizas sugerencias de personalidades alternas. Pero ya había pecado, en el momento en que le acepté la invitación ese primer domingo. Definitivamente las cagaba, de una u otra forma. Fue un encuentro estupendo, un sexo extático, húmedo, sudoroso, doloroso, molesto, hipnótico, enloquecedor, delicioso, delicioso, delicioso, delicioso...

 

¿Recuerdas mis miradas perdidas? ¿mis gemidos tontitos? ¿mis caricias temblorosas?

 

 

 ...unos besos que saciaban la sed, pero agotaban el agua del cuerpo, una droga sana y divertida. Besos de esos en que la palabra estupendo pierde grandeza y se siente uno estúpido de solo querer describirlos con palabras cortas y ofensivas de lo poco expresivas que pueden llegar a ser, y acompañados de mordiscos que dolían deliciosamente, me encantaba verlo morder, su ojos al morder, que me mordiera, decirle que me dolía, y que se molestara cuando lo mordía, que me huyera, pero que se dejara atrapar por mí, y yo hacerle creer que huía, para que cuando me atrapara fuese más abrumador aún, más...

 

 

Fueron 6 días de locura, de fingir normalidad, de política correcta y de pena innecesaria, que al abrigo de un auto podía dejarse marchitar para dar paso a lo más animal que puede entretener a dos seres humanos, a dos hombres, amantes locos y perdidos, finalmente decepcionados, afectados, deseosos de más. Ahora yo, no se él, le llamo a todo esto "una maricada", y me engaño, o no tanto, para restarle importancia, para racionalizar la cosa. Sí, fue una maricada, pero no una fruslería. Una maricada que llega al corazón como una bala, que deja sangrando cuando sale orgullosa y grosera sin pedir permiso. Y una maricada que, cual cliché de quinceañera obsesionada, lo pone a uno a mirar teléfonos así no suenen o espiar furtivamente, como si esos gritos sordos pudieran llegar emitir sonidos. Ahora solo duele, fastidia, solo existen reproches y decepciones. Solo busco olvidar, porque, suena ridículo, pero el dolor fastidia, es pequeño, pero fastidia, un dolor de 6 días de edad. Fastidia. Añora.  

 

Él Loco

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Lucien Farré

"Cuánto más reflexionamos sobre ello, más nos atrevemos a comparar la homosexualidad con la Poesía. La homosexualidad es a la sexualidad (normal) lo que la Poesía es al lenguaje corriente. El estado del (hombre) homosexual es parecido al estado poético. La poesía, como la homosexualidad, se libera de las contingencias habituales y adquiere leyes específicas. Ella misma es su mística y es su caridad. Lo que el poeta ve, lo que ve el homosexual, no pueden verlo los ojos de los que no son poetas ni homosexuales."

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El Mensaje

9/10/2007 - El mensaje

¿por qué no pensó en eso antes? ¿por qué me dejo llegar a este punto...? Egoísta, pero bueno, también cambié...nunca había tenido tantas ganas de golpear a alguien como lo quiero hacer con usted...ojalá nunca lo hubiera conocido, ni me hubiese dejado llevar. Ojalá que su estúpido egocentrismo (por que lo es, no se engañe) no le haga daño a nadie más...
Hubiese sido justo si no le hubiese dado las cosas como lo hice...pero ni de ese modo me dice las cosas, de frente, solo pensando en usted siempre...maldito cobarde...

Usted es de las personas que hasta que no madura, no merece tener a nadie...pero bueno, recuerda lo que le dije antes...?...@"#¬¬ es un iluso...y lo peor de todo es que aún me duele no estar con usted...pero bueno, no moriré de esto...sumercé hubiese podido haber muerto de amor, así no me hubiera contactado... 

 

Él Loco

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Conversación

Conversación

 

- tun tun!!!

- a la orden

- eem buenas por favor diego

- hahaha

- no está

- creo que salió a correr

- a correr?

- :-O

- creo que le escuche que iba a ver si el corazón se le caía de tantos golpes

que disque de pronto una piedra en ese lugar le funcionaría mejor

entonces

como que se fue a buscarla

Le gustan las piedras bonitas

entonces quizá se demore en encontrar una

o quizá tanto le duele el corazón

que se quede dormido

o quizá se duerma porque quiere

o quizá porque no quiere sentir más

Quizá no vuelva...siempre quiso ser libre

o quizá regrese

tenía espíritu masoquista

 

Él Loco

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Imperdonable

Basura por doquier y llanto que matizan el fastidio con los hedores permanentes en el aire ¿acaso las figuras infantes merecen sufrir el facilismo de quién les engendra? Culpables de su ignorancia, culpables de su impotencia, culpables de su fragilidad, son los indirectos causantes de su desgracia atribuida. Pertenecen a los parias que ingenuamente reproducen el infame círculo de miseria que terminará por consumirles: crían el monstruo que les devorará, a quien se entregarán embelesados e inconscientes  o conscientes de mentiras, consentidos por los y las maestres de su realidad. Urano en su humanidad más absoluta e imperdonable: los crea y los devora. Imperdonable.

 

Él Loco


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Testamento del pájaro solitario - fragmento

"Si fuera yo, si fuera yo, si fuera
un pájaro de llama enamorado
un pájaro de luz tan incendiado
que en el silencio de tu noche ardiera;
si pudiera subirme, si pudiera
muy más allá de todo lo creado
y en la última rama de mi amado,
pusiera el corazón y el alma entera;
si aún más alto, más alto y más volara
allí donde tu mano es agua clara
y no es preciso mendigar consuelo,
allí –¡qué soledad!– yo me dejara
dulcemente morir de tanto cielo..."

 

JOSÉ LUÍS MARTÍN DESCALZO

 

Para recordar a alguien...en búsqueda de un improbable perdón.

 

 


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Sin título

Se perdió en el tiempo, y quizá aún en el espacio. No estaba seguro de que fuese cierto, sin embargo podía sentirlo perfectamente. El vacío estomacal lo decía todo cuando estaban juntos. Él no, claro. Los otros dos: bina de la cual hacía parte el chico por el cual los vistazos se transformaron en miradas dulces, pero escondidas; y al que abrazar se convertía en una odisea de pasiones casi infinitas, y que tristemente sólo había hecho una vez. La distancia era su defensa. La ira era un escudo impenetrable, más no infalible: no lo protegería de una desgracia infalible, su propia soledad. ¿Lo amaba? ¡No lo pienses! ¡No lo digas!, sólo limitarse a sentirlo.

 

Como gritos sin sonido, sólo muecas, de las cuales se ríe y no se atienden. Señales que no llegan a ninguna parte, que no llegarán a ninguna parte. Ahora es demasiado tarde: ha construido una prisión de la que no puede ser rescatado sino por él mismo. Maldición auto impuesta. Pero queda un consuelo, la vaga felicidad pasa por algunos, mientras soslaya a los demás, a unos pocos, a él. La bina, feliz, la unidad, ¿sola? No, egoísta.

 

Él Loco

 

 

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